Quienes somos

Fue aquel día… en el que tuvimos esa misma sensación que seguro has experimentado con anterioridad. Esa sensación que conoces y que tiene que ver con el anhelo de saciar un gusto. Como cuando motivado por vivencias pasadas, decides tomar, adquirir o volver a disfrutar de esa agradable sensación que conmovió tus sentidos. Ese instante, mixtura de endorfinas y apetencia, que te lleva a…darte un capricho.

Fue aquel día; en el que dos empresarios nacidos y criados en la capital mundial del AOVE, formados y preparados para tratar de convertir las ideas en proyectos sostenibles con el necesario condimento del esfuerzo y la pasión; cuando conocimos al que nos contó aquella vieja historia de un fraile que en la España de 1880 recorrió valles y senderos predicando la acción evangelizadora. Con renuncia a las riquezas materiales, hasta el punto según nos dijeron, que se alimentaba con un mendrugo de pan, agua y algo de vino. Un fraile que llegó a ser popular porque compartía, además de un marcado influjo social y espiritual con los lugareños de cada una de las moradas en las que se hospedaba, el secreto de su vitalidad y de su peregrinar incansable. Les hablaba de cómo cada día escondía un trozo de su pan, para una vez llegada la noche y retirado a su descanso, lo sacaba para impregnar en él las verdes gotas de un jugo que en un bote le había procurado un labriego, que cultivaba a mano su huerto de olivos, enclavado en un paraje singular en las estribaciones de Sierra Mágina.

Hombre de campo éste, que extraía en un viejo molino con una especie de mortero elaborado de piedra, el zumo de los árboles que adornaban el paisaje que entre tierras de labranza, dibujaba una altiplanicie con el idílico fondo de un macizo montañoso, que iban desde el centro sur de la provincia de Jaén hasta alcanzar la de Granada.

El acarreo, la siega de malas hierbas, el arado o la siembra, resultaban tareas menos duras bajo un cielo estrellado que parecía acariciar las cotas elevadas del lugar, un territorio de clima mediterráneo continental y de inviernos fríos, que hoy en día favorecen una elevada calidad del AOVE y que sin duda en aquél tiempo, proporcionaban ese carácter especial al extracto de aquellos olivos, que tanto gustaba de saborear caprichosamente aquél fraile.

El resultado de aquel ritual nocturno, convertido en rutina adictiva, era un despertar lleno de ímpetu y una personalidad y fortaleza, que el mismo fraile justificaba por la ingesta de aquél jugo frutado.

Hoy, más de ciento cincuenta años después, hemos decidido hacer nuestro aquel capricho y compartirlo con vosotros. Construir juntos una nueva historia, que como la del fraile, estará cargada de emociones y aventuras. Y que, al igual que como fue aquél día…empieza en este mismo instante.